
Podría decirse que me estoy hundiendo, podría decirse que mi sombra se ahoga en la oscuridad de la tuya. También que te regalé cada letra de mi nombre para que juegues a armarme y desarmarme, a llamarme y mutarme. Y que también el vaso de ese dicho popular está rebalsado de lágrimas o de gritos licuados o enojos aguachentos. Que depende de cómo me mires respiro o suspiro, grito o me ahogo. Podría decirse que te regalé la luz de mi alba y de mi noche, y me quedé a oscuras. La voz y quedé mudo. El color de mis ojos, el de mi piel y mis labios... el de la fantasía con gusto a limón. Podría decirse que dibujé tu rostro con mis manos, con crayones viejos que no tenian ganas de pintar. Dibujé una sonrisa con labios prominentes, unos ojos con tintes de tristeza, dos orejitas que no escuchaban nada. y te dibujaba con mis manos, con mis dedos que eran crayones viejos. Te puse mi voz pero no mis palabras, te puse mis manos pero no mi tacto, mis gustos... pero no te gusto. Y me regalé tu garabato en un mural. Tu garabato porque mis dedos bailaban con pasos de melancolía. Porque mis dedos son sensibles y lloran constantemente. Y tu rostro que era hermoso lo arruine por completo. Y mis dedos se largaron a llorar. Y mi cuarto empezó a inundarse. Levanté mis brazos y diez chorros de agua volaban sobre mi cabeza. Chillaban por lo que habian creado, estaban desconsolados, doloridos y empapados. Mientras el agua se acumulaba en el cuarto blanco loquero, la puerta había desaparecido y la ventana fija a la pared, sin poder moverla.Me sentí un pez que no sabía nadar, uno sin branquias... un pescado.